Hoy, al revisitar todas las temporadas, se aprecia también la valentía formal de la serie. Malcolm rompió la cuarta pared con naturalidad, combinó cámara en mano con montaje clásico y no tuvo miedo de terminar arcos sin un cierre hegemónico. Además, su ritmo narrativo y su economía de episodios hacen que sea una experiencia accesible: cada temporada entrega un puñado de capítulos memorables que permanecen en la memoria colectiva.